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En la rueda de hamster

Un día, me desperté y me encontré encerrada en una jaula, una jaula blanca y dorada. En ella había una rueda, no era muy grande, lo suficiente como para que pudiera entrar yo en ella. Y con curiosidad la observaba, de un lado, del otro lado y me pareció segura, además de algo excitante, claro está. Estaba allí para que yo me subiera, pensé, así que, decidí subirme. Comencé a andar y la rueda comenzó a girar, y según iba dando pasos, la rueda cogía impulso y más giraba y me hacía andar aún más rápido, y cuanto yo más rápido iba, más giraba ella y más y más, tanto, que de repente, sin quererlo, sin saber cómo, me encontré corriendo exhausta, sin otra opción que seguir corriendo, y seguí corriendo y corriendo.  Cuando yo me hice consciente de ello comenzó mi proceso de cambio.

Me di cuenta de que, desde hacía mucho tiempo vivía en el hábito del “piloto automático”. Trabajaba en aquello en lo que la vida me había llevado a ser, siempre preocupada por hacer porque si no, no era. Sin saber realmente hacia donde  iba, era la inercia la que dirigía mi caminar profesional. Y me aburría, mucho, así que comencé, lo que yo llamo, “la rueda de la hiperactividad laboral” (lo que ahora reconozco como búsqueda incansable de alternativas).

Sin darme cuenta, me cargué de responsabilidades, cada vez me pedían más (y yo me pedía más) y cada vez me imponían más (y yo me imponía más) y más, y la rueda giraba y giraba y cada vez más y más rápido.  Comenzaba a sentirme atrapada, con la sensación de que nada era suficiente, de que cuanto más hacía más tenía que hacer, y lo peor, que no llegaba a ninguna parte. Comencé a hacerme preguntas, y seguí buscando respuestas hasta que descubrí que el motivo de no llegar a ninguna parte era que, realmente, en aquel lugar no tenía ningún sitio a donde llegar.

No sé en qué momento me convencí de que el éxito profesional era todo aquello que la sociedad nos intentaba inculcar para hacernos sentir seres motivados y productivos.

No sé en qué momento me dejé llevar por la búsqueda del reconocimiento de los demás, olvidando reconocerme a mí misma, cuando entré en la rueda de esa comparativa feroz por una carrera que no era la mía.

Vivía en la frustración e insatisfacción, en continuo estado de estrés, pero seguía girando en la rueda del pequeño hámster. Más tarde, me di cuenta que, todo esto era, en realidad, la consecuencia de la represión de ser lo que realmente no era. Salía cada vez de este estado con la paciencia y el coraje de alguien que está buscando, porque, en realidad, sin ser consciente, seguía buscando. Y poco a poco comenzó “mi proceso de autodescubrimiento”.

Hacer una parada para mirar de frente mis conflictos era importante y, aun dentro de mi jaula, me preguntaba si realmente quería hacer lo que hacía.

Decidí participar en todos aquellos proyectos en los que podía aportar valor y poco a poco aparecieron dones que ni creía que tenía, el camino, empezaba a abrirse.

Comencé a ser consciente de que lo que hacía no era lo que quería hacer, que el éxito para mí no tenía nada que ver con aquello. Y seguí preguntándome, naciendo así “la fase de autoconocimiento”. Desde la mirada curiosa me hice la gran pregunta poderosa “¿para qué?”

 Empezaba la reconexión con lo que era, con mis pasiones y con vivir coherentemente con mis valores. . Cuando cuestionas desde la curiosidad y la actitud de construir y eres capaz de ampliar la mirada, comienzas a entender cosas que antes no entendías porque ahora las ves de manera diferente. Se abre un abanico lleno de posibilidades que te invitan a la libre elección.

De repente un día pasó por delante de mí la oportunidad y, ¡claro!, no era por casualidad, la vida me lo ponía enfrente porque yo ya estaba preparada para afrontar la decisión.

Me paré, y me miré, y miré a mi alrededor y me pregunté, y pregunté a los demás y encontré respuestas tomando así mi decisión desde la libertad absoluta que te da el saber lo que quieres, lo que eres y con lo que cuentas para andar en el camino hacia tu propósito.

Elegí tener coraje, salir de los miedos y de mi zona de confort y miré de frente al cambio. Creer en mí y en mi intuición fueron claves para atreverme. Y ahora sigo descubriendo/me, sigo conociendo/me y sigo eligiendo/me.

Escucha a la vida, escúchate a ti, todo lo que vives te trae un regalo y te prepara para la toma de decisiones.

¡Reconecta con tus pasiones, conócete y reconócete para hacerte experta/o en ti!

 Amplía tu mirada y pon tu atención en lo que pasa y en cómo lo vives para multiplicar tus recursos, así, podrás elegir desde ti misma/o y tendrás el poder de ser LIBRE.  

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